sábado, 12 de junio de 2010



Corazón partido


Está debutando Argentina en el grupo B, contra Nigeria. He de reconocer que me enamoré de la albiceleste hace ya unos años. Primero fue por sus colores, ese azul claro que tanto me gusta. Pero una vez enfundado con la zamarra argentina, fui descubriendo sus muchas virtudes, las que la hacen ser una de las selecciones más importantes sobre el planeta Tierra. Dicen que el peso de la historia es lo que sienten los futbolistas cuando juegan para Argentina. Dos campeonatos del mundo conseguidos en 1978 y 1986 (en el que se encumbró Maradona, el del gol a los ingleses y la mano de D10S) hacen de la albiceleste una selección siempre favorita para el título. Mi pasión por el fútbol nació mientras veía jugar a Batistuta primero, al piojo López y al burrito Ortega en el Valencia de finales del S. XX, y más tarde se afianzó disfrutando de Pablo Aimar o Saviola. Hasta hoy en día, qué decir de Leo. Pero mi amor por Argentina no viene de los títulos, que ni siquiera había nacido, ni solo por sus grandes jugadores, sino por como se vive el fútbol allí al otro lado del charco. Más que un deporte es un sentimiento. Casi una religión. El equipo nacional está por encima de todo, el apoyo es total, la locura inunda los corazones de los seguidores cuando los suyos marcan un gol. Y las lágrimas cuando se quedan fuera a las primeras de cambio, algo considerado tragedia nacional. Es un peldaño más, algo difícil de encontrar en Europa pero muy propio del continente sudamericano. Es su gente, sus jugadores, su historia, sus anuncios, su pasión. Por encima de todo, su forma de entender el fútbol. Había unos versos, no sé si creados por la cerveza Quilmes (ya que aparecían en uno de sus comerciales), que decía así: "la tota y mi viejo me dieron la vida, las nenas y la bruja el amor, el fúbtol me dio coraje y la Selección, el corazón".

En este mundial, como en los anteriores, tengo el corazón dividido. Ojalá podamos disfrutar de un Argentina – España en la final, algo nada descabellado y que es mi apuesta personal, más por corazón que por lógica. Una vez allí, con las dos selecciones frente a frente en el mejor escenario del mundo, solo queda desear que gane el mejor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario